viernes, 16 de octubre de 2009

Dulce Sueño

Ahí estaba él, sonriéndome, mirándome como si yo fuera todo lo que espero, como una fuente de felicidad que no se acaba, como su mejor regalo, como todo aquello que siempre anhelo. Yo, sólo pude decirle “hola”, pues sus ojos me inundaron con una paz que recorrió los míos llegando a mi garganta impidiéndome que más palabras fluyeran.

Él dijo “hola” tan sólo con una sonrisa, no basto un segundo para querer besarle, pero como siempre, mi mente y corazón luchaban por cosas diferentes e iguales, mi corazón decía -¡bésalo ya!- y mi mente gritaba -¡No! ¡Detente! primero obsérvalo, ve lo hermoso que es y guarda esa imagen- por primera vez, en algo coincidían, en que este hombre, el que me hacia sonrojar de la nada, el que me ponía nervioso, el que no se doblaba con mis miradas furtivas y al cual me constaba intimidar, me estaba enamorando totalmente, al grado de no querer ver otra cosa que sus ojos, ser capaz de sacrificar todo lo visible por sólo verlo a él, todo los olores, los sabores, las texturas.

Yo se que el a mí no me quiere igual, o por lo menos no de tal modo, y no me importa, yo soy feliz por ahora y eso me basta (dicen que se debe de ser egoísta en esto del amor). ¡Por todos los cielos! no dejo de mirarlo, se va a dar cuenta que me he puesto rojo, pero no puedo mirar hacia otro lado, no puedo y de hecho no quiero hacerlo, que importa que si se da cuenta, lo que quiero es satisfacerme a mí, aunque eso conlleve engrandecerlo a él; se está acercando, ¿Me besará? ¡Sí! ¡Por fin lo hará! estoy listo, quiero sentir de nuevo sus labios, sus besos, los necesito, aquí voy...

¡Esto es la gloria! como un ser humano puede brindar tanta felicidad con un simple acto, no quiero que se aparte, quiero seguir alimentándome de sus labios, quiero seguir respirando su aliento, sus manos son tan suaves, pero a la vez siento como van haciendo grietas en mi piel, éste calor que hay dentro de mí no me deja respirar, las sabanas son pesadas, me oprimen, deben irse; siento como sus manos fuerzan mis piernas, las cuales encuentran un lugar perfecto alrededor de su cadera, él me pide que lo abrace, y yo sin pensarlo lo hago, sus manos recorren mi espalda, subiendo poco a poco hasta mi nuca, revolviendo mi pelo con una mezcla de placer, deseo y ternura, ¿Dónde estabas? ¿Por qué tardaste tanto en llegar? ¿Seré yo lo que él quiere? ¡No me importa! no quiero pensar, no quiero echar a perder este hermoso momento, ¿Qué pasa? ¿Por qué se detuvo? ¿Qué hizo que dejara de besarme?  

No quiero abrir los ojos, solo quiero que me bese ¿Por qué no lo hace? Me está costando abrir los ojos, que alivio, el aun está ahí, me mira con cierto aire de duda, me mira con curiosidad, a la vez con alegría, ¿De qué se ríe ahora? Creo que se dio cuenta que sus besos me vuelven loco, ¡diablos! no tengo más remedio que sonreír, y lo hago con facilidad, pues quien no sonreiría en mi lugar si se tiene en frente lo que siempre quiso; él me sonríe por igual, pero esta vez, sus labios se abren, ¿Piensa decir algo? ¿Qué dirá? Sus labios se vuelven a cerrar, mientras acaricia los míos, mientras juega con mi pelo, mientras me mira, mientras me toma por la espalda y me aprieta contra él, ¡esto se siente tan bien!, beso su hombro, el besa mi cuello, me libera de esos brazos fuertes y vuelve a mirar mi rostro, y esta vez sin más escucho “te amo”. . .

¿Qué dijo? Es oficial, mis sentidos han tenido un colapso total, mis manos están heladas, mis ojos están empañados, siento algo recorrer mis mejillas, que baja lentamente hasta mi barbilla y cae goteando sobre mis piernas, mi corazón late y estos latidos se vuelven convulsiones en mi cuerpo, lo único que escucho es el eco en mi cabeza “te amo”, “te amo”, “te amo”, “te amo”, ¿Qué hice para merecer esto? ¿Estoy soñando? Ojala que no, pues el dolor al despertar seria insoportable.

Me estoy dando cuenta, estoy llorando, ¿Por qué? Creo saberlo, mi garganta se ha paralizado, mi boca está seca, mis manos siguen frías, mi cuerpo esta inerte, debo reaccionar, debo responder que también lo amo, no quiero hacerlo sentir mal con mi silencio y mi llanto, pero no puedo, trato de hacer que mi cerebro funcione pero no lo logro, mis manos no siguen mis ordenes.


-¿Qué tienes?- -¿Dije algo malo?- -Disculpa, solo quería que lo supieras, eres un chavo genial, y no quiero que pase un minuto más sin que sepas lo mucho que te amo, y lo enamorado que me tienes- ¡QUE ALGUIEN LE DIGA A ESTE HOMBRE QUE DEJE DE HABLAR SI NO QUIERE CAUSARME LA MUERTE! Si él pudiera leer mi mente, sabría lo feliz que me hace, lo contento que estoy de estar aquí con él, lo alegre y eufórico que sus palabras me están haciendo, pero no puede, es un simple humano, el cual me está quitando la vida. 

Por fin..!! un sonido en mi garganta, por fin movilidad en mis manos, por fin sequedad en mis ojos, lo veo, está preocupado, lo hice esperar mucho, acaricio su rostro para hacerle ver que todo está bien, me acerco a él, lo beso, lo miro a los ojos, y las palabras fluyen “No había podido decírtelo, pero yo siempre te he amado”.

Ya hace meses de eso y lo que paso desde ese día, han sido cosas inexplicables, el sol ya no es dorado, las nubes no son del todo blancas, la luna siempre está llena, la oscuridad pasó de ser un terror a un cómplice y él, él sigue aquí, mirándome como si fuera yo todo lo que espero, como si fuera una fuente de felicidad que no se acaba, como si fuera su mejor regalo, como si fuera todo aquello que siempre anhelo y yo sigo simplemente diciendo “hola”.

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